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Abd al-Muttalib junto al Noble Profeta durante su infancia

Abd al-Muttalib, el primer defensor del Profeta del Islam

El Profeta, apenas había cumplido ocho primaveras de vida cuando recibió la noticia del fallecimiento de su bondadoso abuelo, Abd al-Muttalib. Su pequeño corazón se llenó de tristeza y las lágrimas recorrieron sus mejillas. Después de su madre, ahora también su apoyo lo había dejado solo. Sin embargo, estos acontecimientos dolorosos se convirtieron en una fuerza que, años más tarde, le permitió transmitir a la gente el mensaje de Dios con amor y bondad.

La tutela del Noble Profeta por parte de Abd al-Muttalib tuvo una profunda influencia en su personalidad y constituyó un punto de inflexión en su vida. Abd al-Muttalib sentía un cariño especial por el Profeta y contribuyó a su crecimiento y formación. El Príncipe de los Creyentes también consideraba a su abuelo Abd al-Muttalib un hombre de fe que desempeñó un papel fundamental en la difusión de los valores morales entre su tribu.

Tutor del Profeta

Abd al-Muttalib ibn Hashim, el honorable abuelo del Profeta del Islam, era una de las figuras destacadas y respetadas de Quraysh en La Meca. No solo era el jefe de la tribu de Quraysh, sino que también estaba a cargo de los asuntos de la Kaaba. Tras el fallecimiento del padre del Noble Profeta, Abd Allah, Abd al-Muttalib asumió la tutela de Muhammad y cuidó de él con especial cariño y atención, hasta que Abd al-Muttalib falleció cuando el Noble Profeta tenía ocho años, el día 10 de Rabi al-Awwal del año 45 antes de la Hégira (579 d.C.). (1)

La predicción de Abd al-Muttalib sobre el Profeta

El honorable abuelo del Profeta sentía un cariño especial por él. Esta particular atención de Abd al-Muttalib hacia Muhammad mostraba indicios de que conocía la posición especial que ocuparía su nieto.

Ibn Abbas narró: «Para Abd al-Muttalib se extendía una alfombra a la sombra de la Kaaba y, por respeto a él, nadie se sentaba sobre ella excepto él. Los hijos de Abd al-Muttalib se reunían alrededor de aquella alfombra hasta que él llegaba. El Profeta del Islam, que en aquel entonces era un niño, se acercaba y se sentaba sobre ella. Los tíos del Noble Profeta se molestaban por ello y querían apartarlo. Pero cuando Abd al-Muttalib los vio hacer aquello, dijo: “Dejad a mi hijo, pues, ¡por Dios!, tendrá una posición grandiosa. Veo un día en que será vuestro señor. Veo en su frente un signo de liderazgo de la gente”». (2)

La fe de Abd al-Muttalib

En una narración, el Príncipe de los Creyentes hizo referencia a la religión monoteísta de su padre y de su honorable abuelo, y los presentó como personas de fe.

Asbagh ibn Nubata, uno de los compañeros del Príncipe de los Creyentes, narró del Imam Alí que dijo: «¡Por Dios! Ni mi padre adoró jamás un ídolo, ni mi abuelo Abd al-Muttalib, ni Hashim, ni Abd Manaf. Se le preguntó: “Entonces, ¿qué adoraban?”. Respondió: “Se aferraban a la religión de Abraham y rezaban en dirección a la Kaaba”». (3)

Fundador de nobles tradiciones

Se ha narrado del Mensajero de Dios que Abd al-Muttalib estableció cinco nobles tradiciones durante la Yahiliya (la época de la ignorancia), las cuales fueron confirmadas en el Islam y algunas de ellas pasaron a formar parte de las normas religiosas.

El Imam al-Sadiq narró del Mensajero de Dios que este dijo al Príncipe de los Creyentes:

«…Oh, Alí: Abd al-Muttalib estableció cinco tradiciones durante la época de la ignorancia que Dios mantuvo y confirmó en el Islam.

Primera: prohibió a los hijos casarse con las esposas de sus padres, y Dios reveló a este respecto el versículo 22 de la sura An-Nisa:

وَلَا تَنْكِحُوا مَا نَكَحَ آبَاؤُكُمْ مِنَ النِّسَاءِ

«Y no os caséis con las mujeres con las que se casaron vuestros padres.» (Corán, 4:22)

Segunda: dio como limosna una quinta parte del tesoro que había encontrado, y Dios reveló a este respecto el versículo 41 de la sura Al-Anfal:

وَاعْلَمُوا أَنَّمَا غَنِمْتُمْ مِنْ شَيْءٍ فَأَنَّ لِلَّهِ خُمُسَهُ وَلِلرَّسُولِ وَلِذِي الْقُرْبَىٰ وَالْيَتَامَىٰ وَالْمَسَاكِينِ وَابْنِ السَّبِيلِ

«Y sabed que, de todo lo que obtengáis como botín, una quinta parte pertenece a Dios, al Mensajero, a los parientes, a los huérfanos, a los necesitados y al viajero (que se encuentra en necesidad).» (Corán, 8:41)

Tercera: cuando excavó el pozo de Zamzam, lo convirtió en un lugar de abastecimiento de agua para los peregrinos de la Kaaba, y Dios dijo en el versículo 19 de la sura At-Tawba:

أَجَعَلْتُمْ سِقَايَةَ الْحَاجِّ وَعِمَارَةَ الْمَسْجِدِ الْحَرَامِ كَمَنْ آمَنَ بِاللَّهِ وَالْيَوْمِ الْآخِرِ

«¿Acaso habéis considerado el abastecimiento de agua a los peregrinos y el mantenimiento del Masyid al-Haram (Gran Mezquita de La Meca) como quien cree en Dios y en el Último Día?».

Cuarta: estableció cien camellos como expiación por el homicidio, y Dios mantuvo esta norma también en el Islam.

Quinta: Quraysh no había establecido un número determinado de vueltas para la circunvalación, pero Abd al-Muttalib la limitó a siete vueltas y Dios lo aceptó en el Islam.

«¡Oh, Alí! Abd al-Muttalib no consultaba a los ídolos ni recurría a las flechas adivinatorias, no adoraba ídolos, no comía de los animales sacrificados ante los altares de piedra que Quraysh había erigido para los sacrificios, y decía: “Estoy firme en la religión de Abraham”». (4)

Orgullo por Abd al-Muttalib

El Príncipe de los Creyentes, en una carta dirigida a Muawiya, destacó la superioridad de sus antepasados y la valentía y perseverancia de los hijos de Abd al-Muttalib.

En una carta a Muawiya, quien había dicho: «Todos somos hijos de Abd Manaf», el Príncipe de los Creyentes respondió: «En cuanto a lo que has dicho: “Todos somos hijos de Abd Manaf”, sí, así es. Pero jamás Umayya será como Hashim, ni Harb como Abd al-Muttalib, ni Abu Sufyan como Abu Talib, y jamás los emigrantes (Muhayirin) serán como los cautivos liberados». (5)

Luego, el Príncipe de los Creyentes, haciendo hincapié en la valentía de sus antepasados, escribió a Muawiya: «¿Cuándo has visto que los hijos de Abd al-Muttalib huyeran del enemigo o temieran las espadas?». (6)

El llanto del Profeta

Abd al-Muttalib falleció en La Meca a los 82 años de edad —según otra narración, a los 110 años—. Este acontecimiento tuvo lugar el día 10 de Rabi al-Awwal del año 45 antes de la Hégira (579 d.C.). En el momento de la muerte de Abd al-Muttalib, el Noble Profeta tenía tan solo ocho años. El Profeta quedó profundamente afectado por el fallecimiento de su abuelo y lloró ante su cadáver. Umm Ayman, quien cuidaba del Mensajero de Dios, narró que aquel día el Profeta derramó abundantes lágrimas. Este llanto muestra la profundidad del amor y el respeto que el Profeta de Dios sentía por su honorable abuelo, Abd al-Muttalib. (7)

Fuentes
1. Al-Sira al-Nabawiyya, vol. 1, p. 169
2. Bihar al-Anwar, vol. 15, p. 142 / Usul al-Kafi, vol. 1, p. 448
3. Bihar al-Anwar, vol. 15, p. 144
4. Bihar al-Anwar, vol. 74, p. 46
5. Carta 17 de Nahj al-Balagha
6. Carta 28 de Nahj al-Balagha
7. Al-Tabaqat al-Kubra, vol. 1, p. 94

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