El primero de Rabi al-Awwal del primer año de la Hégira (16 de septiembre de 622 d.C.), los qurayshíes, preocupados por la expansión de la predicación del Profeta del Islam y el creciente número de sus seguidores, decidieron detener este movimiento asesinando al Mensajero de Dios. Esta conspiración se llevó a cabo en la noche conocida como Lailat al-Mabit. Gabriel informó al Profeta Muhammad de que no debía dormir aquella noche en su lecho habitual y que debía salir de su casa para escapar de la conspiración de los politeístas.
La reunión de Dar al-Nadwa y el plan de la conspiración
En esta reunión estuvieron presentes los dirigentes de Quraysh, entre ellos Abu Yahl, Abu Sufyan y otros jefes tribales. En un principio, se propuso encarcelar al Profeta para que muriera de muerte natural, como había ocurrido con poetas anteriores. Sin embargo, esta propuesta fue rechazada, ya que existía la posibilidad de que sus seguidores lo liberaran. Posteriormente, se propuso desterrar al Mensajero de Dios de La Meca, pero este plan también fue rechazado debido al temor de que el Profeta pudiera ejercer influencia entre otras tribus.
Finalmente, Abu Yahl propuso que se eligiera a un joven valiente de cada tribu y que todos atacaran simultáneamente al Profeta de Dios, para que la responsabilidad de su muerte recayera sobre todas las tribus y Banu Hashim no pudiera vengarse de todo Quraysh. El plan fue aprobado y Quraysh se preparó para llevarlo a cabo. (1)
El Profeta se enteró de la conspiración
Dios informó al Mensajero de Dios de esta conspiración por medio de Gabriel, y el Profeta Muhammad ordenó al Príncipe de los Creyentes que durmiera en su lugar en el lecho, mientras él salía secretamente de la casa.
Ibn Abbas narró: «Los politeístas se reunieron en Dar al-Nadwa para deliberar sobre el asesinato del noble Profeta. En ese momento, Gabriel se presentó ante el Profeta, le informó de su plan y le ordenó que aquella noche no durmiera en su lecho. Cuando el Profeta decidió abandonar la ciudad durante la noche, ordenó al Príncipe de los Creyentes que durmiera en su lecho. El Príncipe de los Creyentes así lo hizo, se envolvió con el manto verde del Profeta y colocó la espada a su lado.
Mientras los qurayshíes estaban al acecho con la intención de matar al Profeta, este salió de la casa mientras ellos estaban sentados junto a la puerta, y su número ascendía a veinticinco.
El Profeta tomó un puñado de tierra del suelo, lo arrojó sobre sus cabezas y recitó los versículos 1 al 9 de la sura «Ya Sin»:
يس وَالْقُرْآنِ الْحَكِيمِ … فَأَغْشَيْنَاهُمْ فَهُمْ لَا يُبْصِرُونَ
«Ya Sin»
«¡Por el Corán lleno de sabiduría!»
…
«y les cubrimos los ojos, por lo que no podían ver».
Entonces, alguien les dijo: «¿Qué estáis esperando? ¡Por Dios, habéis sido engañados! Ha pasado junto a vosotros y ha arrojado tierra sobre la cabeza de cada uno de vosotros».
Ellos respondieron: «Por Dios, no lo vimos».
Entonces Dios reveló el versículo 30 de la sura Al-Anfal:
وَإِذْ يَمْكُرُ بِكَ الَّذِينَ كَفَرُوا لِيُثْبِتُوكَ أَوْ يَقْتُلُوكَ أَوْ يُخْرِجُوكَ ۚ وَيَمْكُرُونَ وَيَمْكُرُ اللَّهُ ۖ وَاللَّهُ خَيْرُ الْمَاكِرِينَ
«Y cuando los incrédulos conspiraron contra ti para apresarte, matarte o expulsarte, Dios también conspiró contra ellos; y Dios es el mejor de los que conspiran». (2)
El sacrificio del Príncipe de los Creyentes
Cuando los incrédulos de Quraysh decidieron asesinar al Profeta del Islam, Gabriel se presentó ante el Mensajero de Dios y le dijo: «Esta noche no duermas en tu lecho habitual».
Cuando llegó la noche y la oscuridad lo cubrió todo, los opositores se reunieron junto a la casa del Profeta Muhammad y esperaron a que se durmiera para atacarlo de repente.
Cuando el Mensajero de Dios vio la posición de aquellos hombres, dijo a Alí ibn Abi Talib: «Duerme en mi lecho, cúbrete con este manto verde de Hadramaut y luego duerme; ninguno de ellos podrá hacerte daño». El Mensajero de Dios siempre dormía con este mismo manto verde. (3)
Dios se enorgullece de su sacrificio
Abu Sa’id al-Judri narra una tradición según la cual Dios se enorgulleció del sacrificio del Príncipe de los Creyentes para proteger la vida del Profeta Muhammad y envió a Gabriel y Miguel a la tierra para protegerlo.
Abu Sa’id al-Judri, uno de los compañeros del Mensajero de Dios, narró: «Cuando el Profeta se disponía a abandonar La Meca y el Príncipe de los Creyentes yacía en el lecho del Profeta, Dios Altísimo reveló a Gabriel y Miguel: “He decretado la muerte de uno de vosotros dos. ¿Cuál de vosotros está dispuesto a sacrificarse por el otro?”. Ambos prefirieron la vida.
Entonces Dios les reveló: «¿Por qué no fuisteis como Alí ibn Abi Talib? Establecí un pacto de hermandad entre él y Muhammad, y alargué la vida de uno de ellos más que la del otro.
Alí eligió la muerte, prefirió que Muhammad permaneciera con vida y durmió en su lecho. Ahora, id y protegedlo de sus enemigos».
Gabriel y Miguel descendieron; uno se sentó junto a su cabeza y el otro junto a sus pies para protegerlo de sus enemigos, y apartaron las piedras que eran lanzadas contra él.
Entonces Gabriel dijo: «¡Bien hecho, hijo de Abu Talib! ¿Quién puede compararse contigo? Dios se enorgullece de ti ante los ángeles de los siete cielos».
Entonces Dios reveló el versículo 207 de la sura Al-Baqara:
وَمِنَ النَّاسِ مَنْ يَشْرِي نَفْسَهُ ابْتِغَاءَ مَرْضَاتِ اللَّهِ ۗ وَاللَّهُ رَءُوفٌ بِالْعِبَادِ
Y entre la gente hay quien entrega su vida buscando la complacencia de Dios. Y Dios es bondadoso con Sus siervos. (Corán, 2:207) (4)
El primero en entregar su vida por el Profeta
El Imam Sayyad, al referirse a la noche de Lailat al-Mabit y al sacrificio del Príncipe de los Creyentes, dijo: «El primero que entregó su vida por la complacencia de Dios y estuvo dispuesto a sacrificarla fue Alí ibn Abi Talib. Cuando los politeístas no encontraron al Profeta en su lecho, fueron en busca del Mensajero de Dios para matarlo; entonces el Príncipe de los Creyentes salió del lecho del Profeta». (5)
Fuentes
1. Al-Sira al-Nabawiyya, vol. 1, p. 480.
2. Amali de al-Tusi, vol. 1, p. 445.
3. Historia de al-Tabari, vol. 2, p. 372.
4. Shawahid al-Tanzil, vol. 1, p. 123.
5. Al-Manaqib, vol. 2, p. 64 / Shawahid al-Tanzil, vol. 1, p. 130.